EL MIEDO EN EDAD INFANTIL

INTRODUCCIÓN/JUSTIFICACIÓN

 

Para justificar la importancia del miedo infantil podemos decir que el miedo es un sentimiento muy común en los niños/as pertenecientes a la etapa infantil.

 

El miedo, al igual que otros sentimientos como el amor, el dolor, son necesarios para el proceso de aprendizaje, que como tal, son experiencias a los que todos como seres humanos estamos predestinados a vivir.

 

En este artículo vamos a tratar un tema muy frecuente, como es el miedo infantil. Pero para ello, en primer lugar, debemos diferenciar entre: miedo, fobia y ansiedad.

 

Podemos definir el concepto de miedo, como aquellas sensaciones que el niño o niña vive como desagradables, como por ejemplo, el pequeño/a puede sentir miedo ante la presencia de un perro grande, mostrándose reacio a tocarlo, y manteniéndose de forma discreta a cierta distancia, en este caso podemos decir que el niño/a tiene miedo.

 

En otro niño/a, la simple visión del perro o su ladrido puede provocar la necesidad de salir corriendo, manifestándose un malestar profundo y necesitando alejarse, en este caso no existe causa objetiva que justifique el temor del niño, (excepto en el  caso que el pequeño/a hubiese sido agredido con anterioridad por algún perro), las expectativas de que el perro le pueda atacar cuando va acompañado de sus padres, y este se encuentre a cierta distancia y va atado son irracionales, es a este miedo irracional a lo que se le llama  fobia.

 

En relación con el miedo y las fobias puede hablarse también de la ansiedad, ya que se encuentra muy presente en todos los procesos de miedos, especialmente en las fobias.

 

Este término se utiliza para poner en manifiesto las importantes alteraciones psicológicas que se producen en nuestro organismo cuando experimentamos un miedo muy intenso, la activación fisiológica se manifiesta entre otras por la activación de unas glándulas sudoríparas (manos pegajosas, húmedas), aumento de la frecuencia e intensidad cardiaca, evolución del tono muscular, etc.

 

Si obligamos al pequeño/a a permanecer ante este estimulo o situación temida, su voz aparecerá de forma temblorosa, se producirán bloqueos, tics, muecas faciales, etc.

 

Cada niño/a manifiesta su ansiedad de forma diferente según sus características.

 

           

SOBRE EL MIEDO

 

Una vez establecidas las diferencias entre estos tres términos, podemos decir que el miedo no es solo esas sensaciones que el niño/a vive como desagradables, si no aquellas resanciones que pueden cumplir una función de supervivencia en el sentido de apartarlo de situaciones de peligro. (No acercarse a ciertos animales, no cruzar la calle, no entrar en sitios oscuros, etc.), o ser el resultado de un enorme sufrimiento por parte de pequeño/a.

 

            El miedo puede entonces condicionar su funcionamiento y alterar sensiblemente su capacidad para afrontar situaciones cotidianas (ir a dormir, ir a la escuela, estar solo, etc.)

 

            En algunas ocasiones es muy normal sentir miedo, un bebe es capaz de acercar sus manitas al fuego sin ningún temor, en cambio ver a su madre con gafas de sol, puede aterrorizarle.

 

Las bruscas modificaciones de su entorno también pueden inquietarle, como un ruido repentino, o una luz fuerte, todo aquello que modifica la lógica del pequeño/a puede provocarle terror.

 

            Según algunos autores, los bebes, no comienzan a manifestar el sentimiento de miedo antes de los seis meses de vida, a partir de esta edad es cuando empiezan a experimentar miedo a extraños, a las alturas, surgiendo también la ansiedad de separación de la figura de apego.

 

Entre el primer y segundo año de vida, el miedo a la separación de los padres aumenta, a lo cual deberemos de sumar el temor hacia los compañeros extraños, este miedo ira desapareciendo de manera progresiva a medida que el pequeño/a crece.

 

Es también a esta etapa cuando empiezan a surgir los primero miedos relacionados con ruidos fuertes, como la tormenta, animales pequeños…etc.

 

Estos miedo irán incrementándose de forma paralela al desarrollo cognitivo del niño/a, en edades comprendidas desde los 2 hasta los 6 años. A esta edad entran en escena los estímulos imaginarios, fantasmas, monstruos, oscuridad… la mayoría de los miedos a los animales empiezan a desarrollare en esta etapa, perdurando hasta la edad adulta.

 

Pero, ¿Cómo nacen los miedos? Entre las principales causas de los miedos, se hallan algunas características y manifestaciones de contexto personal, social, y familiar, así, podríamos decir que los padres, y en general los adultos son los causantes del miedo infantil.

 

Cuando un niño/a se hiere, experimenta una sensación de dolor, pero cuando va a vivir una situación de riesgo y alguien le avisa con exaltación del peligro, el niño/a se detendrá a pensar y tendrá miedo, y esto es una emoción, el miedo no es una experiencia directa del pequeño/a, el dolor si, el dolor es un aprendizaje directo y por lo tanto el niño/a sabe exactamente lo que va a ocurrir, el miedo es indirecto, por lo tanto no sabe el que ocurrirá.

 

Algunos de los factores que pueden incidir en el miedo de los más pequeños/as pueden ser:

 

 

  • Patrones familiares: Según algunos estudios los padres con tendencia a ser miedosos y/o con trastornos de ansiedad suelen tener hijos/as con miedos o ansiedad e mayor proporción que padres normales.
  • Modelado: Una  madre o padre que pueda alterar o modelar los miedos de sus hijos/as en función de las emociones que manifieste o que el niño reciba.
  • Información negativa: Una información negativa sobre alguna situación puede ser fuente que genere temor, la capacidad de convicción vendrá condicionada por lo relevante que resulte para el niño/a la persona que emita dicha información.

 

 

Algunos de los miedos más comunes en edades infantiles son:

 

 

  • Miedo a la oscuridad:

 

Este miedo puede estar relacionado con algún cuento sobre monstruos, fantasmas brujas, etc. mal explicado, también puede estar relacionado con sueños, pesadillas, cambios de domicilio, situaciones imaginarias…

 

Hay algunos niños que se sientes más seguros si les dejas alguna luz cercana encendida

 

 

  •  Miedo a los truenos y a las tormentas:

 

Este miedo es muy común debido al gran estruendo que provocan los truenos. Cuando haya alguna tormenta dejaremos que el niño/a pueda ver la lluvia, para superar este miedo podremos contar junto al pequeño/a cuantos relámpagos aparecen en el cielo, explicarle el por qué de la lluvia, de los relámpagos, de los truenos, etc. fundamentalmente explicarle que esos fenómenos son normales, y pasajeros, y que no van a hacerle daño alguno.

 

 

  • Miedo a los animales:

 

Es muy normal que un niño/a sienta miedo cuando se le acerca algún animal desconocido, por lo que el acercamiento deberá realizarse muy lentamente sin que el niño/a se sienta forzado. Es muy conveniente que desde una edad temprana familiaricemos a los mas pequeños/as con los animales, enseñándoles fotografías onomatopeyas, contándoles cuentos en los que aparezcan, evitando así el miedo por estos seres.

 

  • Miedos nocturnos:

 

Son muchos los niños/as que solo consiguen conciliar el sueño si uno de sus padres están acostados en la cama con ellos. El miedo a dormirse solos, puede estar muy relacionado con otros miedos como pueden ser las pesadillas, para ello deberemos evitar una exaltación excesiva antes de la hora de dormir.

 

Si el pequeño/a se despierta a media noche por que tiene miedo de estar solo deberemos acudir a su lado e intentar relajarlo transmitiéndole tranquilidad.

 

La mayoría de los miedos que tienen los niños/a a lo largo de su infancia se solucionan con su propia maduraron y desarrollo, aun así deberemos prestar atención por si lo que es un miedo habitual puede convertirse en un verdadero problema en la vida de nuestro pequeño/a.

 

 

CÓMO INTERVENIR EDUCATIVAMENTE

 

Para poder hacer frente a estos miedos infantiles debemos tener en cuenta una serie de consejos sobre cómo actuar ante estos.

 

  • Evitar manifestar nuestro miedos:

 

 Deberemos evitar manifestar aquellas fobias, miedos irracionales delante de los pequeños/as ya que como he dicho anteriormente este miedo puede transmitirse de padres a hijos/as a través del aprendizaje por observación.

 

  • Educarlos con prudencia:

 

Deberemos educar a los mas pequeños/as con prudencia hacia aquello que realmente es peligroso, es decir no debemos de tener miedo al mar, pero si ser prudente con el.

 

Debemos ofrecerles modelos correctos de actuación ante estos elementos peligrosos, ya que los adultos somos los primeros en mantener contacto con estos elementos.

 

  • Lectura y películas:

 

Debemos de seleccionar lecturas infantiles adecuadas y agradables que estén exentos de terror, aunque la gran mayoría de cuentos, especialmente los tradicionales, incluyen estos elementos como preparadores y fortalecedores según numerosos estudios. Así mismo deberemos realizar la misma actuación ante la elección de las películas.

 

 

  • Evitar la sobreprotección:

 

Debemos diferenciar en qué casos tenemos que proteger a los pequeños/as y en qué casos dejarlos experimentar, como por ejemplo el miedo a estar solo/a, en este caso podemos fomentar la autonomía y la independencia, normalmente son ellos mismo quienes reclaman este espacio y se dan cuenta de que estar solo no implica tener miedo, si tienen la tranquilidad de que acudiremos a su lado cuando lo necesiten.

 

 

  • Cambios graduales en el entorno:

 

Cuando se van a producir cambios en nuestras vidas como puede ser el colegio, cambio de casa, separaciones, se deberá hacer de forma gradual para ir acostumbrándolo a la nueva situación, y por supuesto deberemos explicarle los motivos de estos cambios.

 

  • Jamás deberemos amenazar con elementos temerosos, como viene el coco, el tío del saco… al contrario deberemos de contarle toda la verdad sobre las brujas, fantasmas… para que dejen de ser elementos desconocidos para ellos.

 

 

  • No hay que criticar ni castigar  al pequeño/a por tener miedo, si no convencerle de no hay que avergonzarse por sentir miedo, todos tenemos miedo a algo. De esta forma evitaremos de que calle sus miedos y al mismo tiempo le ayudamos a expresarlos, lo cual nos sirve para acompañarlos en ese miedo y solucionarlo, hay que intentar racionalizar el miedo y que poco a poco vaya comprendiendo que es algo pasajero, tampoco se deberá comparar con otros niños/as como por ejemplo, tu hermana no tiene miedo…

 

Que hacer en familia.

 

            A veces  una educación demasiado rígida no hace mas que reforzar en los niños/as sentimientos de culpa que pueden desencadenar miedos y comportamientos autosancionadores si la elección educativa se limita simplemente a lo que se debe o no se puede hacer, difícilmente el niño/a podrá crecer de forma independiente  y seguro de sí mismo. Desde luego podrá portarse bien pero solo porque teme equivocarse y cuando al crecer pierda sus puntos de referencia  se vendrá abajo su equilibrio.

 

De todo ello el niño/a tendrá necesidad de afiliación, de corporación de grupo, por eso entre los adolescentes es difícil a menudo individualizar al joven que tiende a identificarse con el jefe.

 

Los miedo son como retos que el niño desafía con respecto a la realidad, y como todo reto, el debe poderse “equipar” lo mejor posible para combatir, y si es posible vencer, la necesidad, se sabe, agudiza el ingenio de modo que el niño/a elabora estrategias más o menos razonables, más o menos comprendidas por el adulto, para derrotar al enemigo, la causa de su miedo, es el propio miedo.

 

El clima familiar en el que crece el niño/a es como el aire que respira, él y sus afectos son decisivos, ya que se convierten en parte integrante de su carácter.

Esta responsabilidad puede desencadenar en los padres y madres más sensibles numerosas dudas y sin embargo es suficiente seguir un comportamiento equilibrado, sereno y armonioso para poder influir positivamente en la formación del carácter del propio hijo/a.

 

El psicólogo alemán Kurt Lewin, uno de los pioneros de la investigaciones entre el clima familiar y el desarrollo de la personalidad ha intentado codificar aquellos que, según él, son los elementos de un buen ambiente educativo. He aquí las “ordenes” que Lewin ha determinado para que sean utilizadas por todos los padres y adultos en general.

 

  1. Dad al niño/a sensación de seguridad.
  2. Dad al niño/a la sensación de que es amado y deseado.
  3. Evitad las amenazas, los miedos y los castigos.
  4. Enseñad al niño/a la independencia y haced que asuma sus propias responsabilidades.
  5. Permaneced tranquilos y no os dejéis llevar por las manifestaciones instintivas del niño/a.
  6. Sed tolerantes siempre que podáis para evitar conflictos sin sentido.
  7. Evitad evidenciarle al niño/a su natural estado de inferioridad.
  8. No impulséis al niño/a mas allá de sus posibilidades.
  9. Respetad los sentimientos del niño/a pese a que no se adecuen a nuestras normas.

10. Responded sinceramente a las preguntas que el niño/a os plantee, pero dad respuestas adecuadas a su edad.

11. Mostrad interés por aquello que el niño/a hace pese a que no lo consideréis particularmente útil.

12. Afrontad las dificultades del niño/a sin pensar que el sea anormal.

13. Favoreced se crecimiento y progreso, y no la búsqueda de la perfección.

 

Estos consejos deberán obviamente adaptarse a las diversas circunstancias, pero no cabe duda de que el principio que las origina, es decir, el respeto de una personalidad en formación es la base sobre la cual asentar una buena y sólida educación.

El afecto por el niño/a y el conocimiento del propio rol ayudaran a los padres a encontrar el camino adecuado y los métodos para afrontar cada vez los problemas a los que deberán enfrentarse.

 

 

Consejos para los padres

 

Para concluir esta exposición sobre los miedos infantiles, podemos aconsejar una serie de comportamientos que pueden favorecer la solución de los problemas o por lo menos abonar el terreno para su resolución.

 

Evitad racionalizaciones:

 

  • No utilizar frases tipo:  “no tienes que tener miedo”, “a tu edad ya no tienes que tener miedo de…”
  • Las explicaciones lógicas y racionales sirven más a los padres que a los niños/as.
  • El buen ejemplo “mira a tu hermano/a que no tiene miedo”, puede no servir para resolver el problema.

 

No infravalorar jamás los miedos:

 

  • No utilizad frases como: “no hay nada que temer”, no ha pasado nada”
  • Un comportamiento de complicidad con el niño/a comparte una identificación con sus problemas que para el son muy importantes y pese a que a los padres les pueda resultar relevantes. Hay que comprender al niño/a atemorizado, es decir darles las mejores condiciones para que pueda desahogarse.
  • Un comportamiento de autoinsuficiencia alejara al niño/a de los padres y del educador, le hará perder la confianza y lo impulsara a recluirse cada vez mas en si mismo, a no liberarse de sus fantasmas.

 

¡Pero no hay que dramatizar!

 

  • No usad frases tipo: ¡pobrecito!, ¡Cuánto miedo habrás pasado!, “ven con mama que te hará pasar el miedo”, “ven con papa que te ayudara”…
  • El tono dramático acabara aumentando las emociones incontroladas de niños/a atemorizando y por lo tanto frustrara los efectos positivos de las reafirmaciones.
  • Cada niño/a deberá ser tratado según su edad de manera diferente y personalizada.

 

Los miedos de los niños/as deberán ser valorados correctamente.

 

  • La paradoja es un medo útil para descargar las tensiones del niño/a. si le decimos a un niño/a que nosotros hemos tenido también sus mismos miedos y que los hemos resuelto en cierto modo, le sugerimos una vía de escape posible para su angustia.
  • Son mejor las señales no verbales de coparticipación que muchas de esas frases consoladoras, mejor un abrazo o una caricia que tantas palabras sin sentido.

 

 

CONCLUSIONES

 

     En definitiva podemos decir que los principales pautas educativas serán aquellas que van dirigidas a crear un clima de seguridad, tranquilidad y firmeza, es decir todas aquellas situaciones que llevan al niño/a a adquirir seguridad en sí mismo y capacidad de control frente a situaciones externas difíciles.

      También serán importante los comportamientos educativos que fomentan una independencia adecuada a cada etapa evitando una excesiva sobreprotección.

            Cuando aparece el miedo es preciso ofrecer la oportunidad al niño/a de enfrentarse poco a poco con los objetos temidos, reforzando los comportamientos de acercamiento y la utilización de otras estrategias específicas.    

 

Como conclusión final  podemos decir que nosotros como personas adultas y educadores de estos pequeños/as debemos prevenir y tratar el miedo infantil, ofreciendo a los niños/as seguridad, no debemos asustarlo como estrategia coercitiva, si no responder de forma educativa, es decir actuando desde el propio niño/a y no sobre los miedos infantiles como objeto de tratamiento.

 

En otras  palabras, es primordial preguntarse por las causas de la inseguridad de niño/a para una vez conocidas hacerlas desaparecer.

 

“El miedo es secundario, una consecuencia de esa inseguridad”

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

  • Palau Valls Eliseo (2005). “Aspectos básicos del desarrollo infantil, la etapa de 0 a 6 años”. Ediciones CEAC.

 

  • Fodor Elisabeth, Moran Montserrat, Moreles Adrea (2008). “Todo un mundo lleno de sorpresas, educar jugando. El niño de 2 a 5 años”. Ediciones Pirámide.

 

  • Evi Crotti, Alberto Magni. “Los miedos de los niños, como descubrirlos a través de sus dibujos, y como ayudarles a superarlos”. Ediciones Oniro.

 

Bibliografía digital:

 

 

 

 

Este artículo forma parte de la publicación nº04